Por Fernando Peña
República dominicana es uno de los países del hemisferio que goza de mas estabilidad social, económica y política. Esa es la realidad y percepción general que existe en nuestro país.
Observadores internacionales, medios de comunicación, gobiernos y países hermanos así lo atestiguan.
La reflexión nuestra nos lleva a la conclusión de que, a pesar de esa percepción de muchos, en nuestro país persisten muchos males estructurales e institucionales que duraran décadas para solucionarse.
Aún persiste la gran deuda social y educacional de los dominicanos, y lógico este gobierno y los anteriores han hecho grandes esfuerzos visible para paliar esos grandes temas.
Los sectores facticos, de poder, principalmente líderes políticos nuestros, por interés particular e individual, por apetencia de Poder se empeñan en crear desconfianza institucional de la ciudadanía pese a la estabilidad como nación que exhibimos.
Se empeñan en crear dudas y sospechas…
Apuestan al caos y el desorden…
Vienen sosteniendo denuncias de la supuesta existencia de fraude, sus dudas y sospechas de los procesos internos de las organizaciones partidarias, llegando al extremo de sabotear las elecciones recién iniciada dominicana.
Hasta donde consta, sin embargo, no se ha podido demostrar la veracidad de sus denuncias más mediáticas y, en cualquier caso, han sido atendidas e investigadas por las autoridades y se han dado las oportunas explicaciones.
Nada de ello le ha satisfecho, porque el interés marcado es llevar al país al desorden y a la deriva institucional, en un intento de pescar en rio revuelto y por la puerta de atrás asaltar el Poder, llegar al gobierno en una conducta paranoica y obsesiva de Poder.
Saben esos sectores, saben esos llamados líderes que ellos han llega al Poder, ha sido presidente por varias ocasiones y que se les ha acusado de fraude electoral, pero que las prácticas fraudulentas demostradas han puesto de manifiesto que no se trataba de fraudes masivos ni de una práctica sistémica, ni sistemática, de fraude electoral.
Porque el funcionamiento del sistema electoral dominicano, desde hace décadas transita elecciones transparentes y sin violencia, ni incidentes que destacar.
República dominicana, con tan solo hacer una radiografía visual, histórica de décadas atrás, puede mostrar los importantes avances logrados en libertad, transparencia y seguridad constatados en las elecciones son méritos de todos: de la ciudadanía y, sin duda, de las instituciones electorales de los últimos procesos.
En verdad que en nada ayudan las reiteradas denuncias de fraude de algún candidato presidencial acerca del sistema informático empleado para las elecciones.
Quiere imponer en la mente de todo el “fantasma del fraude”, con un avieso objetivo politiquero, sin importarle el país, su estabilidad y seguridad ciudadana.
El efecto de estas denuncias, no todas probadas y otras investigadas y desmentidas por los órganos electorales, pueden ser catastrófica para la estabilidad de nuestro sistema democrático, ya llegaron al imite de sabotaje de las elecciones municipales del 16 de febrero, las cuales hubo de suspenderse y anularse.
Esto lo único que ha hecho es crear en la población, en los votantes desconfianza y temor.
De ninguna manera pretendo afirmar que se haya logrado eliminar por completo la sospecha de fraude, pero sin duda no se corresponde con la dimensión que ese sector conspirador, que pretende llegar nueva vez al Poder a cualquier precio, le otorgar o cuando menos la dimensión de las sospechas de fraude que pudieran existir al respecto.
Debemos todos afianzar, robustecer la importancia de las instituciones para el fortalecimiento democrático y, muy particularmente, la necesaria confianza que la ciudadanía debe tener en ellas.
Los conspiradores saben, están muy consciente de que sus acciones ponen el riesgo de que todas las mejoras y avances logrados por las instituciones electorales y política se vayan a pique.
En su afán de Poder, quieren llevar la falta de confianza de los ciudadanos, sabedores de que así pueden acabar bloqueando, en buena parte, los avances importantes que, en este sentido, hemos logrado como país.
Es necesario que todos, los ciudadanos, los sectores representativos del país hagamos conciencia de ello, y enfrentemos esas actitudes descabelladas y a todas luces negativas para nuestra nación.
Si se quiebra el orden institucional ellos serán los responsables, la historia y el pueblo de a pie se lo cobrara con creces.
Es oportuno que las autoridades, el gobierno asuman su responsabilidad y frenen este despropósito político.
El autor es periodista

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