Los obispos deploran la delincuencia, la pobreza y la corrupción

Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com
Santo Domingo, RD

La Conferencia del Episcopado Dominicano (CED) llamó ayer a poner los oídos y el corazón en el pueblo dominicano que clama por la solución de tantos males sociales, como la corrupción, el auge de la delincuencia y la pobreza extrema.

Los obispos citan también, como problemas angustiantes que padece la población, la falta de oportunidades y de empleos dignos, la proliferación de la economía informal, así como la deficiencia en los servicios de salud, educación, agua, electricidad y transporte.

En su Carta Pastoral titulada “La sinodalidad, camino de identidad eclesial”, con ocasión de conmemorarse hoy el Día de la Virgen de la Altagracia, madre protectora de los dominicanos, la CED entiende que el auge de la delincuencia común es una raíz donde se hallan diversos factores, como un sistema socioeconómico excluyente y la desintegración familiar.

Individualismo

Razona que la pobreza espiritual empuja a un individualismo que también es raíz de muchos males sociales que destruyen la vida, como el aborto y la eutanasia, unido a la ambición desmedida de riquezas que es fuente de explotación desproporcionada de los recursos naturales, causando una grave herida a la creación, la cual hoy clama por auxilio.

Los obispos instan “a propiciar la creación de espacios para la participación equitativa en los bienes económicos en todos los niveles de la sociedad, colaborando con las autoridades, instituciones y personas en la búsqueda del bien común”.

La reflexión con motivo de la tradicional conmemoración religiosa, expresa que todas las personas son necesarias en la construcción de un mundo más justo, más humano y solidario, donde cada ser humano aporte desde el lugar donde se encuentre.

“Es el momento de restaurar la ética de la fraternidad y de la solidaridad”, donde nadie debería ser descartado con acciones que atenten contra la vida.

El tema

La Carta Pastoral precisa que la elección del tema surge a propósito del Sínodo de la Sinodalidad 2021-2024, titulado “Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión”, convocado por el Papa Francisco.

Se trata -dice la Carta Pastoral- de un tiempo de reflexión profunda sobre los nuevos desafíos que presenta el mundo moderno y cómo la Iglesia puede responder a ellos, guiada por la fuerza y la acción del Espíritu Santo.

“Vivimos en una época caracterizada por el individualismo, la indiferencia y la búsqueda de la realización personal, sin tomar en cuenta a los demás. El caminar juntos nos obliga a hacernos conscientes de que la conquista del bien y la felicidad humana solo es posible cuando asumimos tareas comunes”, expresa sobre la visión de una iglesia sinodal, que asume los desafíos de cada persona y de cada época.

Refiere que los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los hombres de este tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, “son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.

Crisis y familia

La CED plantea que la crisis actual invita a recuperar el sentido de pertenencia y es el momento ideal para restaurar la ética de la fraternidad y de la solidaridad, regenerando vínculos de confianza, de pertenencia y de respeto.

Considera que el discernimiento sobre la voluntad de Dios y los signos de los tiempos se hace necesario en el mundo de hoy, en el cual todo parece posible y válido.

Al puntualizar que la familia es fundamental para la construcción de una Iglesia sinodal que inspire una sociedad fraterna y priorice el bien común, recuerda que es también “la primera escuela donde los hijos aprenden de sus padres el valor de la escucha, la obediencia, la honestidad, la actitud del diálogo, del respeto, el amor indispensable para vivir, y otros tantos valores humanos”=